Este sea quizá el final y el principio de una nueva historia que se comienza a escribir.
Justo en el momento en que la vida y la muerte se unen en complot para resucitar lo que no se encuentra del todo perdido, sino que a momento de casi desaparecer, sale de su escondite fugas.
Memorias, sentimientos, actuaciones y sincronizadas situaciones, hacen de una historia, la prueba inédita de que la vida tiene un nombre, número y la etiqueta de quien la posee.
La conexión entre supuestos seres de lo terrenal que se combinan en contra de sus propios destinos, exacerban las virtudes y disfrazan sus auténticos y pérfidos errores que comulgan y se unen entre si.
El cielo hoy no tiene más color que el de la noche. El viento que suena, solo se siente afuera donde la vida no perdona, donde el tiempo fluye igual que aquí. En donde las consecuencias se olvidan de sus causas para después medirse en kilómetros y pesar en toneladas.
Gente que camina sin sentido, como si caminar lo tuviera, personas que sonríen cuando sus ojos han perdido la felicidad en algún cubículo de amor.
¿Pero amor?… Quizá no sea bueno hablar de él. Definirlo sería robarle su esencia natural, como si la esencia se encerrara entre las cuatro paredes de lo natural y como si lo natural se pudiera explicar frente la figura amorfa de cientos de miles de millones de destinos que se ven sin ver y que se miran sin reconocerse siquiera a si mismos.
Deducir entre la nula posibilidad de descifrar algo, como si las cifras no fueran mudas y lograran hablar por si solas, y el hablar no fuera solo una manera de expresar la mudes de los demás sentidos.
Los mismos sentidos que provienen de vivir, como si el sentir no fuera cosa subjetiva capaz de engañar hasta la más sensible de las flores y como si las flores no fueran sino un cursi monumento que sirve de trofeo al que puede amar y por qué no… lastimar.
Lastimar hasta sangrar. Ocasionar heridas en donde no siempre se necesitan lágrimas para afirmarse dignas del dolor, como si el dolor no fuera placer y el clímax de todo sentir. ¿Qué sería del gozo? Sino el sufrimiento que causa su propia ausencia.
Aun más, qué seria de la ausencia, si no el motor de toda reunión. Me resulta irracional la concepción de lo bueno sin lo malo y viceversa, como si lo bueno y lo malo acaso existiera. Conceptos subjetivos que más allá de reales, son la figura espesa de una nube que ha de morir para jamás volver a mirar el cielo que tan prometedor se ofrece a su gozoso captar, y que hoy, es solo oscuro anochecer.
Justo en el momento en que la vida y la muerte se unen en complot para resucitar lo que no se encuentra del todo perdido, sino que a momento de casi desaparecer, sale de su escondite fugas.
Memorias, sentimientos, actuaciones y sincronizadas situaciones, hacen de una historia, la prueba inédita de que la vida tiene un nombre, número y la etiqueta de quien la posee.
La conexión entre supuestos seres de lo terrenal que se combinan en contra de sus propios destinos, exacerban las virtudes y disfrazan sus auténticos y pérfidos errores que comulgan y se unen entre si.
El cielo hoy no tiene más color que el de la noche. El viento que suena, solo se siente afuera donde la vida no perdona, donde el tiempo fluye igual que aquí. En donde las consecuencias se olvidan de sus causas para después medirse en kilómetros y pesar en toneladas.
Gente que camina sin sentido, como si caminar lo tuviera, personas que sonríen cuando sus ojos han perdido la felicidad en algún cubículo de amor.
¿Pero amor?… Quizá no sea bueno hablar de él. Definirlo sería robarle su esencia natural, como si la esencia se encerrara entre las cuatro paredes de lo natural y como si lo natural se pudiera explicar frente la figura amorfa de cientos de miles de millones de destinos que se ven sin ver y que se miran sin reconocerse siquiera a si mismos.
Deducir entre la nula posibilidad de descifrar algo, como si las cifras no fueran mudas y lograran hablar por si solas, y el hablar no fuera solo una manera de expresar la mudes de los demás sentidos.
Los mismos sentidos que provienen de vivir, como si el sentir no fuera cosa subjetiva capaz de engañar hasta la más sensible de las flores y como si las flores no fueran sino un cursi monumento que sirve de trofeo al que puede amar y por qué no… lastimar.
Lastimar hasta sangrar. Ocasionar heridas en donde no siempre se necesitan lágrimas para afirmarse dignas del dolor, como si el dolor no fuera placer y el clímax de todo sentir. ¿Qué sería del gozo? Sino el sufrimiento que causa su propia ausencia.
Aun más, qué seria de la ausencia, si no el motor de toda reunión. Me resulta irracional la concepción de lo bueno sin lo malo y viceversa, como si lo bueno y lo malo acaso existiera. Conceptos subjetivos que más allá de reales, son la figura espesa de una nube que ha de morir para jamás volver a mirar el cielo que tan prometedor se ofrece a su gozoso captar, y que hoy, es solo oscuro anochecer.
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