Hablaré de ti como sino fuera tu misma voz la que me hace escribir. Diré lo mucho que me molesta tu persona y de lo mucho que amo que nunca te separes de mí. Platicaré de toda esa oscuridad que hay en tu alma y de la magnifica luz que me da tu ser. Confesaré lo mucho que te odio cuando te muestras indiferente a mí sentir. Revelaré tus asquerosas faltas y de las sublimes caricias que a menudo me das. Dejare ver tus defectos en un par de frases mientras que entraño más a fondo tus poderosas razones. Discutiré contigo durante todo el tiempo para reconciliarme siempre a cada segundo. Sabes… Me provocas tanta repulsión que siento que no puedo vivir si te alejaras un sólo instante de aquí. Me has hecho hacer lo que tus caprichos encaran como tu placer, pero después me defiendes como si todo estuviera bien. Detesto la envidia que yo siento cuando te escucho hablar. Cuando me tocas con tus repulsivas formas y me haces el amor. Cuando callas y debieras decir. Me enloquece tu cinismo y me enferma de rabia lo mucho que encanta que lo hagas. Me fascina la forma en que me miras con desprecio, me haces saber que siempre hay más y que nunca es suficiente. Maldigo la hora en que naciste porque se que pronto morirás. Agradezco los besos grises que me ayudan a olvidarte poco a poco. Te odio porque así conocí la forma más pura de amar. Eres indigno entre los dignos. Helado en el verano y demasiado caliente para mí frió corazón. Sanas mis heridas con dolor, y frustras mis ilusiones con tus ideales. Patéticas maneras de ser que me embriagas, las vomito.
lunes, 9 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario