miércoles, 24 de marzo de 2010

El espejo

El espejo.

Nada refleja mejor la realidad que un espejo. Lo comprobé cuando frente a el, la figura de un hombre intentando aliñeo acomodaba sus pantalones sin advertir mi presencia. La tristeza en sus ojos le nublaba hasta sus últimas ilusiones.

Me pregunto que clase de carga tendría que soportar un hombre para jorobar de esa manera el rostro.

Garrapatas aferradas transgredía mi piel, tan inocentes como aquel falso orgasmo. Murmure mil veces tu nombre y hasta se escapo un te quiero.

Quién era él, sino yo mismo el que con desesperación tan sólo quería volver, respirar la frescura y sentir la textura de un verano que jamás volverá. Un instante, quizá dos, un motivo desvergonzado que atrapara en la bocanada el sabor de un beso envenenado.

Miré alrededor y todo parecía tan perfecto, tan ideal. Sino fuera por aquel espejo que me lo dijo todo, el villano de mi historia y el traidor de su victoria. La pesadilla dentro de un cuento de hadas en donde yo no era más que un simple espectador.

Yo nunca quise mentir y el nunca quiso creer.

Solenoglifo enredado en licántropos colmillos que mordieron sin piedad, desgarraron, sangraron. Para entonces la asfixia era casi total.

Lo vi caer ante la evidencia de triunfos finados. Casi logro impresionarme.

A quién no le gustaría ver el futuro reflejado en el espejo, engullirse en su mismo veneno, vestirse de negro en su propio entierro, sopear en una taza de café el enorme precio que tiene el éxito.

viernes, 19 de marzo de 2010

Caminar adelante sin olvidar el atrás.

De pronto los años han pasado y uno en ocasiones ni cuanta se da.

No es que no quiera seguir y mucho menos me gustaría parar.

Pero… ¿Y después?

Supongo que la renuencia al cambio es inherente del ser humano, pero a menudo el temor se apodera de mi, no sabiendo si lo que hice, hago o haré, es lo correcto. Quedan arraigadas a mi memoria todas esas equivocaciones de donde más he sacado cosas.

Ahora abro el mismo cajón que hace unos cuantos años guardaban escuadras, pinceles, pritts, tijeras y mi cuaderno de biología. Hoy lo encuentro lleno de pendientes, agenda, estados de cuenta, cajetillas de cigarros y el encendedor.

Caminar siempre lo hago, de aquí para allá. Al trabajo en las mañanas, y de regreso por las tardes, de camino a mis citas, o a la tintorería. De camino en camino pero sin darme cuenta.

Ayer fue distinto; caminé casi igual que siempre, sobre mis dos extremidades. Sin embargo la diferencia fue caminar hacia atrás, en voltear los pasos e ir de reversa. Por lo general camino hacia delante, pero ayer lo hice a la inversa.

Recordar, caminar, planificar, caminar, reflexionar, caminar, escuchar, observar, caminar, reconstruirse, caminar, no es igual que caminar y solo caminar. Es dar un paso y dar otro con la certeza de llegar algún sitio.

He caminado siempre y nunca lo había notado. Que ironía, correr antes de saber el significado de su anterior. Hoy como si fuera un poco tarde para eso, me quisiera agachar, tomar la vía a gatas y entonces tardarme un poco más, un poquito más.

Imaginarme a los veinte tres años era divertido, con una carrera terminada, libre y dueño de mis propias decisiones, capaz de enfrentar lo que fuera sin miedo a nada, sin miedo aquí y sin miedo allá.

¡Hoy la vida luce algo distinta! Recuero alguna vez a una de mis profesoras de quinto grado cuando preguntó a mi grupo como nos veíamos en diez años. Todos sonreímos y dijimos cosas como, “yo quiero ser presidente”, (claro que ese no fui yo) otros querían ser policías y uno que otro atrevido hasta maestro. En esos tiempos las cosas se vislumbraban tan distintas, parado aquí, hoy todo es mejor que aquella vaga imaginación.

Jamás pensé que cerrar los ojos, caminar por las piedras y lodo, tener mucho frío y ser victima de los insectos, fuera como una regresadora de esas viejas que ya nadie usa, que me hicieran recordar mis pasitos inseguros al entrar a la secundaria, o la voz firme de quien tiene que dar una orden porque es el patrón.

“Los años no pasan por nada” dice mi madre mientras se ve en el espejo y disimula las arrugas con ese maquillaje extraño que ella siempre se sabe comprar. Hoy le doy la razón. La escuela, los amigos, las parejas, la casa y la familia se mueve como una pirinola en el azar, a veces me gustaría tan solo decidir como de decirle a papá que quiero más dinero, si con carita triste o carita de preocupación, “Los años no pasan en vano” decía mamá. Ahora todo se tiene que ganar.

Es sorprendente como en ocasiones se pasa por la vida y nunca se ve con detalle las pequeñas o grandes cosas que se tiene a un constado, me molesta cuando los sanitarios no tiene agua y nunca supe en donde estaba la cisterna de mi escuela, con ese pequeño detalle puedo suponer como perdí a esa persona que tanto ame, la oportunidad de viajar por no saber ingles, o el berrinche de mi persona frente a las enseñanzas de mi padre que tanto me habrían de servir.

Recordar la pasión de como sentir, esa es tarea de locos y misión de cuerdos. Respuestas a preguntas que me había olvidado hacer.¿Cómo es que olvidé sentir el aire, cerrar los ojos y mirar la oscuridad? Irme de lado y sentir rápidamente el calor de la amistad, reír por reír, escuchar por conocer, y hablar por compartir. Cómo es que en un lugar que pareciera tan institucional se pueden vivir los mejores momentos de una historia, formar y forjar los más prometedores sueños y realizar los mas grandes ilusiones.

Caminar entonces se transforma en cosa grande cuando se llega a un lugar más allá de tu destino final. Se puede ir y venir, planear y soñar, recordar e inmortalizar en tan solo un paso. Supongo que hoy es el día para seguir y no parar, caminar y caminar, pero nunca dejar de ir más allá.

martes, 2 de marzo de 2010

“Que bonitos ojos tienes”

Un poco de seguridad mía, dos miradas y otro hombre aún más atractivo que el anterior; después… La copa gratis de un extraño.

Que bonitos ojos tienes me dijo…

Mi acompañante anterior; molesto.

¿Yo?

Pensando en ti

La propuesta oculta de ser el amante de un tipo con más de tres años de relación con su pareja ¿Y yo? No olvidaba esa escena de nosotros.

El coche a más de 120 y el cinturón presionando mi casi inerte cuerpo.

Su mano en mi pierna

¿Yo?

Me miro en el espejo con una sonrisa malévola mientras descubro mis dientes que tanto le encantan.

Lo miro con orgullo y vanidad pensando en lo mucho que podemos divertirnos.

¿Yo?

Aburrido por no estar contigo.

Una desviación al oxo y como buen caballero pregunta si deseo algo.



¿Yo?

Respondo que cigarrillos por favor.


¿El?

Sonríe sacando una cajetilla de malboro que me obsequia con algo de cinismo.

Los detesto.

La noche parece prolongarse, el celular suena y de nuevo no es el mío. La llamada numero quince de algún sujeto que no se resignará a perderlo.

¿Yo?

Bajo el espejo de su auto envuelto en algo de soberbia e inseguridad.

Sube su mano mientras termina de hablar con un dulce tono al que supongo debe ser el otro.

¿Yo?

Muevo los ojos haciéndolo creer del gran acierto con su decisión.

Enciende mi cigarro.

¿Y yo?

Recuerdo aquella vez que no me dejaste fumar.

El auto nublado de humo.

¿Mi mente?

Cada vez más clara.

Tres elogios a mi ego y mi mano ya esta entre la suya. La música muy alta y el aire parecen embriagar el momento.


¿Yo?

Pienso en donde estarás.


Jamás dijiste algún halago para mí, al menos no, como lo que acostumbro a oír.

Ayer los volví a escuchar.

Ahora tengo lo que quiero. Pero de nuevo solo.


Me lastimaste en donde más podía doler. Mi vanidad.

Asqueroso motor que te lleva a no sé donde con quien sabe quién.

Hoy te perdone, ¿Tú?

Lejos de aquí.

¿Yo?

Camino a mi vida. A seguirme divirtiendo mientras me aburro pensando en ti.

“Nunca hallarás alguien como yo.”.

¿Yo?

Jamás encontrare a un compañero como tú.

Ahora encenderé mi último cigarro. Aprehenderé a seguir como siempre lo he hecho. Sonreiré como solo yo lo sé hacer.

Miraré con la mirada que te enamoré.

Tú seguirás y encontraras a quien te sepa valorar.

Nunca cometerás lo errores que tuviste conmigo. Aprenderás a leer los pensamientos como yo te enseñe, fundirás tu cuerpo con alguien que no sea yo.

Yo haré el amor con quien más crea conveniente.

¿El amor?

Ja, lo volví a perder. La costumbre se hace ley.

¿Tu?

Amaras sin reservas.

¿A ti?

Te amarán sin tapujos.

¿Yo?

Seguiré escuchando.

“Que bonitos ojos tienes”.

¿Yo?

Solo pensaré….

“Ya lo sé estúpido”
Mujer de múltiples nombres… Karina.

Brindo por todos los que estamos y no están. Por todos los presentes y de por los cuales hoy me siento muy feliz. Brindemos por el amor y tu amistad, por las personas que amamos y que se fueron y los otros que se quedaron.

Brindo por la mujer de mis escritos. Por la de mujer tacones altos, bolsas caras y restaurantes lujosos.
Por ella la más valiente que conozco.

Por ti que te reencontraste en Paris cuando te olvidaron, la que duerme en un tren de Alemania con un solo Euro en su bolsillo, la abandonada en Milán.

La misma que recogió las boronas de un amor y su desilusión en la cama de un costoso hotel de las vegas.

Brindo por las decenas de café que han escuchado nuestros planes y nuestras alegrías, por las botellas de alcohol en las que hemos ahogado nuestras penas de amor. Brindo por ti mujer de
París que se que jamás me dejaras. Por la abogada corazón de piedra que llora por vivir en un mundo de hombres, que se frasea en utopías platónicas de un mundo impensable.

Formulamos nuestra historia de vida.

Brindo por la socia y nuestros aires de grandeza, por nuestros negocios y la promesa de una vida llena del dinero que no necesitamos y que tanto nos gusta, por esos cerdos que somos cuando fraguamos un éxito seguro en beneficio solo de nosotros dos.

Extraordinario como una persona puede ser el espejo en donde me gusta reflejar. En donde gusto regocijarme con el cristal que me deja ver y conocer más de mí que nunca. Te pones los tacones que siempre me negaré a usar.

¿Y es que será así siempre, o solo será un regalo de la vida, del destino como tú lo llamas?

Increíble es cuando de tu voz salen los pensamientos que me niego a expresar por temor al deber hacer, a salirme de esos esquemas sociales de los cuales me ato cada mañana y me rebelo todas las noches.

¿Qué sería hoy de mí, si a caso podría preguntármelo, sino fuera por todas esas preguntas que a menudo me hago y no titubeas en contestar?

Dímelo tú.

A placer puedo pasar esas tardes merodeando entre discursos que no son del todo nuestros, algunos sí, para entender lo que verdaderamente nos hace feliz.
Tú me haces feliz.

Charlas de un nivel que solo tú y yo entendemos, cosas que los inquilinos de la mesa de enfrente jamás podrán.

Esa la magia de la conversación nuestra.

Brindo por ti, por mí. Por los dos.

Por la magia.

Por la mujer de París.
Tanta soberbia que se puede desprender en una sola bocanada de cigarrillo.
Vanidades que sin fuerza de voluntad serian impensables.


¿Qué hora es?
La cama era lo suficientemente grande como para soñar sin siquiera tener que usarla para dormir. Sin embargo el baño aunque enorme, no lo pude usar para limpiar una sola de mis culpas.
Hacia buen tiempo que en un mismo día no veía venir tantos recuerdos, tantos momentos que sin darme cuenta, aún quedan por reflexionar.
Como una catarsis me vuelvo a preguntar el por qué de muchas cosas y me asusta el no encontrar tan ansiadas respuestas.
Por la mañana amaneces en una cama a la que nunca pensaste llegar. Se deslizan por tu cuerpo unas manos que no has leído, se apoderan de tu boca unos labios que no has probado, se clavan en tus ojos miradas que no descifras.
Hace años me postre frente a ti en un acto de verdadera compasión por mi persona.
Te pedí aquello de lo que insistes separarme.
Te roge por lo que estúpidamente aleje de mí, por el error que pago en cada uno de esos amaneceres fríos de hotel.
Te implore por lo que ahora me vomitas en asquerosas sobras de placer.
¿Por qué?
¿De verdad me he portado tan mal que no alcanzo un poco de tu misericordia?
De esa que se supone que les das a los que creen en ti.
Sí…
Ya sé que dirás que nada tienes tú que ver con mis problemas y con los enredos en los que yo mismo me meto y muy probablemente tienes razón.
Si no fuera porque te lo he pedido tantas veces.
La reputación de esos lugares es tan oscura como la mía. La escoria de los placeres se derrite del sillón al tocador y de la cama al espejo que refleja solo sombras.
El descaro es total…
El pudor; un manojo de triques inservibles y la vergüenza un hipotético pensamiento conservador.
Así he visto navegar dulces y amargos recuerdos entre mi piel.
Serpientes que muerden y alacranes que agujeran mis sentidos.