El espejo.
Nada refleja mejor la realidad que un espejo. Lo comprobé cuando frente a el, la figura de un hombre intentando aliñeo acomodaba sus pantalones sin advertir mi presencia. La tristeza en sus ojos le nublaba hasta sus últimas ilusiones.
Me pregunto que clase de carga tendría que soportar un hombre para jorobar de esa manera el rostro.
Garrapatas aferradas transgredía mi piel, tan inocentes como aquel falso orgasmo. Murmure mil veces tu nombre y hasta se escapo un te quiero.
Quién era él, sino yo mismo el que con desesperación tan sólo quería volver, respirar la frescura y sentir la textura de un verano que jamás volverá. Un instante, quizá dos, un motivo desvergonzado que atrapara en la bocanada el sabor de un beso envenenado.
Miré alrededor y todo parecía tan perfecto, tan ideal. Sino fuera por aquel espejo que me lo dijo todo, el villano de mi historia y el traidor de su victoria. La pesadilla dentro de un cuento de hadas en donde yo no era más que un simple espectador.
Yo nunca quise mentir y el nunca quiso creer.
Solenoglifo enredado en licántropos colmillos que mordieron sin piedad, desgarraron, sangraron. Para entonces la asfixia era casi total.
Lo vi caer ante la evidencia de triunfos finados. Casi logro impresionarme.
A quién no le gustaría ver el futuro reflejado en el espejo, engullirse en su mismo veneno, vestirse de negro en su propio entierro, sopear en una taza de café el enorme precio que tiene el éxito.
Nada refleja mejor la realidad que un espejo. Lo comprobé cuando frente a el, la figura de un hombre intentando aliñeo acomodaba sus pantalones sin advertir mi presencia. La tristeza en sus ojos le nublaba hasta sus últimas ilusiones.
Me pregunto que clase de carga tendría que soportar un hombre para jorobar de esa manera el rostro.
Garrapatas aferradas transgredía mi piel, tan inocentes como aquel falso orgasmo. Murmure mil veces tu nombre y hasta se escapo un te quiero.
Quién era él, sino yo mismo el que con desesperación tan sólo quería volver, respirar la frescura y sentir la textura de un verano que jamás volverá. Un instante, quizá dos, un motivo desvergonzado que atrapara en la bocanada el sabor de un beso envenenado.
Miré alrededor y todo parecía tan perfecto, tan ideal. Sino fuera por aquel espejo que me lo dijo todo, el villano de mi historia y el traidor de su victoria. La pesadilla dentro de un cuento de hadas en donde yo no era más que un simple espectador.
Yo nunca quise mentir y el nunca quiso creer.
Solenoglifo enredado en licántropos colmillos que mordieron sin piedad, desgarraron, sangraron. Para entonces la asfixia era casi total.
Lo vi caer ante la evidencia de triunfos finados. Casi logro impresionarme.
A quién no le gustaría ver el futuro reflejado en el espejo, engullirse en su mismo veneno, vestirse de negro en su propio entierro, sopear en una taza de café el enorme precio que tiene el éxito.