Cuantas líneas no e borrado antes de escribir esta primera.
¿A caso habrá algo interesante que contar? Me pregunto después de la línea anterior, con la zozobra constante de cuál será la palabra que se escriba en seguida de la otra.
De hecho aún sigo sin saber que escribir aun sabiendo que escribo. Es como cuando caminas sin saber a donde irás. Tan sólo con la certeza de que al fin del camino llegarás.
No recuerdo cuando fue que me enamore de ti. El primer recuerdo que tengo, es un pellizco en el antebrazo. Hoy te explayas ante mí como una cascada de jugoso elixir de vida. De un momento a otro te convertiste en la carpeta asfáltica de ese camino al que incluso le dedique años de mi vida.
Contigo le cante al amor. Le reclamé al pasado.
En orgia me entregue a tus formas curvas y erectas, para juntos darle sentido a lo que soy. Me he perdido hasta altas horas de la noche entre tus callejones blancos y paredes negras. He amanecido queriendo descifrar tus múltiples significados.
Me permites el Sodoma en difusos pasajes de felicidades truncas, enamoramientos sin una pisca de recelo, poco me celas sabiendo que soy tuyo. Tuyo cuando estoy arto de todos los que se quieren parecer a ti, a mí amada tú.
Caigo con fatiga a tu merced despiadada. Tú sabes engolosinarme de soberbia para que todos me odien. Sabes subyugar mi libertad atrapando de mí lo más honesto. Dejas para el mundo lo más nefasto de mi persona, tu cobijo es lo único que quiero.
Cuando intento serte infiel, envías la soledad por culpa. Me controlas hasta en pensamiento, y te recompenso haciéndote el amor en burbujas de deseo.
Soy el compinche de tus caprichos y tu mi memoria perdida. En mis excesos eres la sobredosis de placer, en la ternura una fiera esperpento.
Así empieza la historia. Teniendo el final entre mis manos cambiándolo de un momento a otro a mí antojo.
Me enamoré de lo único en lo que jamás debí de haber puesto mis ojos, pero es inevitable sentir el calor de su cuerpo tan pegado al mío como si fuéramos uno mismo. Sus ojos son un torbellino que no puedo detener, son el maleficio de una perdición segura con dirección a ninguna parte.
¿A caso habrá algo interesante que contar? Me pregunto después de la línea anterior, con la zozobra constante de cuál será la palabra que se escriba en seguida de la otra.
De hecho aún sigo sin saber que escribir aun sabiendo que escribo. Es como cuando caminas sin saber a donde irás. Tan sólo con la certeza de que al fin del camino llegarás.
No recuerdo cuando fue que me enamore de ti. El primer recuerdo que tengo, es un pellizco en el antebrazo. Hoy te explayas ante mí como una cascada de jugoso elixir de vida. De un momento a otro te convertiste en la carpeta asfáltica de ese camino al que incluso le dedique años de mi vida.
Contigo le cante al amor. Le reclamé al pasado.
En orgia me entregue a tus formas curvas y erectas, para juntos darle sentido a lo que soy. Me he perdido hasta altas horas de la noche entre tus callejones blancos y paredes negras. He amanecido queriendo descifrar tus múltiples significados.
Me permites el Sodoma en difusos pasajes de felicidades truncas, enamoramientos sin una pisca de recelo, poco me celas sabiendo que soy tuyo. Tuyo cuando estoy arto de todos los que se quieren parecer a ti, a mí amada tú.
Caigo con fatiga a tu merced despiadada. Tú sabes engolosinarme de soberbia para que todos me odien. Sabes subyugar mi libertad atrapando de mí lo más honesto. Dejas para el mundo lo más nefasto de mi persona, tu cobijo es lo único que quiero.
Cuando intento serte infiel, envías la soledad por culpa. Me controlas hasta en pensamiento, y te recompenso haciéndote el amor en burbujas de deseo.
Soy el compinche de tus caprichos y tu mi memoria perdida. En mis excesos eres la sobredosis de placer, en la ternura una fiera esperpento.
Así empieza la historia. Teniendo el final entre mis manos cambiándolo de un momento a otro a mí antojo.
Me enamoré de lo único en lo que jamás debí de haber puesto mis ojos, pero es inevitable sentir el calor de su cuerpo tan pegado al mío como si fuéramos uno mismo. Sus ojos son un torbellino que no puedo detener, son el maleficio de una perdición segura con dirección a ninguna parte.
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