Caminar adelante sin olvidar el atrás.
De pronto los años han pasado y uno en ocasiones ni cuanta se da.
No es que no quiera seguir y mucho menos me gustaría parar.
Pero… ¿Y después?
Supongo que la renuencia al cambio es inherente del ser humano, pero a menudo el temor se apodera de mi, no sabiendo si lo que hice, hago o haré, es lo correcto. Quedan arraigadas a mi memoria todas esas equivocaciones de donde más he sacado cosas.
Ahora abro el mismo cajón que hace unos cuantos años guardaban escuadras, pinceles, pritts, tijeras y mi cuaderno de biología. Hoy lo encuentro lleno de pendientes, agenda, estados de cuenta, cajetillas de cigarros y el encendedor.
Caminar siempre lo hago, de aquí para allá. Al trabajo en las mañanas, y de regreso por las tardes, de camino a mis citas, o a la tintorería. De camino en camino pero sin darme cuenta.
Ayer fue distinto; caminé casi igual que siempre, sobre mis dos extremidades. Sin embargo la diferencia fue caminar hacia atrás, en voltear los pasos e ir de reversa. Por lo general camino hacia delante, pero ayer lo hice a la inversa.
Recordar, caminar, planificar, caminar, reflexionar, caminar, escuchar, observar, caminar, reconstruirse, caminar, no es igual que caminar y solo caminar. Es dar un paso y dar otro con la certeza de llegar algún sitio.
He caminado siempre y nunca lo había notado. Que ironía, correr antes de saber el significado de su anterior. Hoy como si fuera un poco tarde para eso, me quisiera agachar, tomar la vía a gatas y entonces tardarme un poco más, un poquito más.
Imaginarme a los veinte tres años era divertido, con una carrera terminada, libre y dueño de mis propias decisiones, capaz de enfrentar lo que fuera sin miedo a nada, sin miedo aquí y sin miedo allá.
¡Hoy la vida luce algo distinta! Recuero alguna vez a una de mis profesoras de quinto grado cuando preguntó a mi grupo como nos veíamos en diez años. Todos sonreímos y dijimos cosas como, “yo quiero ser presidente”, (claro que ese no fui yo) otros querían ser policías y uno que otro atrevido hasta maestro. En esos tiempos las cosas se vislumbraban tan distintas, parado aquí, hoy todo es mejor que aquella vaga imaginación.
Jamás pensé que cerrar los ojos, caminar por las piedras y lodo, tener mucho frío y ser victima de los insectos, fuera como una regresadora de esas viejas que ya nadie usa, que me hicieran recordar mis pasitos inseguros al entrar a la secundaria, o la voz firme de quien tiene que dar una orden porque es el patrón.
“Los años no pasan por nada” dice mi madre mientras se ve en el espejo y disimula las arrugas con ese maquillaje extraño que ella siempre se sabe comprar. Hoy le doy la razón. La escuela, los amigos, las parejas, la casa y la familia se mueve como una pirinola en el azar, a veces me gustaría tan solo decidir como de decirle a papá que quiero más dinero, si con carita triste o carita de preocupación, “Los años no pasan en vano” decía mamá. Ahora todo se tiene que ganar.
Es sorprendente como en ocasiones se pasa por la vida y nunca se ve con detalle las pequeñas o grandes cosas que se tiene a un constado, me molesta cuando los sanitarios no tiene agua y nunca supe en donde estaba la cisterna de mi escuela, con ese pequeño detalle puedo suponer como perdí a esa persona que tanto ame, la oportunidad de viajar por no saber ingles, o el berrinche de mi persona frente a las enseñanzas de mi padre que tanto me habrían de servir.
Recordar la pasión de como sentir, esa es tarea de locos y misión de cuerdos. Respuestas a preguntas que me había olvidado hacer.¿Cómo es que olvidé sentir el aire, cerrar los ojos y mirar la oscuridad? Irme de lado y sentir rápidamente el calor de la amistad, reír por reír, escuchar por conocer, y hablar por compartir. Cómo es que en un lugar que pareciera tan institucional se pueden vivir los mejores momentos de una historia, formar y forjar los más prometedores sueños y realizar los mas grandes ilusiones.
Caminar entonces se transforma en cosa grande cuando se llega a un lugar más allá de tu destino final. Se puede ir y venir, planear y soñar, recordar e inmortalizar en tan solo un paso. Supongo que hoy es el día para seguir y no parar, caminar y caminar, pero nunca dejar de ir más allá.
De pronto los años han pasado y uno en ocasiones ni cuanta se da.
No es que no quiera seguir y mucho menos me gustaría parar.
Pero… ¿Y después?
Supongo que la renuencia al cambio es inherente del ser humano, pero a menudo el temor se apodera de mi, no sabiendo si lo que hice, hago o haré, es lo correcto. Quedan arraigadas a mi memoria todas esas equivocaciones de donde más he sacado cosas.
Ahora abro el mismo cajón que hace unos cuantos años guardaban escuadras, pinceles, pritts, tijeras y mi cuaderno de biología. Hoy lo encuentro lleno de pendientes, agenda, estados de cuenta, cajetillas de cigarros y el encendedor.
Caminar siempre lo hago, de aquí para allá. Al trabajo en las mañanas, y de regreso por las tardes, de camino a mis citas, o a la tintorería. De camino en camino pero sin darme cuenta.
Ayer fue distinto; caminé casi igual que siempre, sobre mis dos extremidades. Sin embargo la diferencia fue caminar hacia atrás, en voltear los pasos e ir de reversa. Por lo general camino hacia delante, pero ayer lo hice a la inversa.
Recordar, caminar, planificar, caminar, reflexionar, caminar, escuchar, observar, caminar, reconstruirse, caminar, no es igual que caminar y solo caminar. Es dar un paso y dar otro con la certeza de llegar algún sitio.
He caminado siempre y nunca lo había notado. Que ironía, correr antes de saber el significado de su anterior. Hoy como si fuera un poco tarde para eso, me quisiera agachar, tomar la vía a gatas y entonces tardarme un poco más, un poquito más.
Imaginarme a los veinte tres años era divertido, con una carrera terminada, libre y dueño de mis propias decisiones, capaz de enfrentar lo que fuera sin miedo a nada, sin miedo aquí y sin miedo allá.
¡Hoy la vida luce algo distinta! Recuero alguna vez a una de mis profesoras de quinto grado cuando preguntó a mi grupo como nos veíamos en diez años. Todos sonreímos y dijimos cosas como, “yo quiero ser presidente”, (claro que ese no fui yo) otros querían ser policías y uno que otro atrevido hasta maestro. En esos tiempos las cosas se vislumbraban tan distintas, parado aquí, hoy todo es mejor que aquella vaga imaginación.
Jamás pensé que cerrar los ojos, caminar por las piedras y lodo, tener mucho frío y ser victima de los insectos, fuera como una regresadora de esas viejas que ya nadie usa, que me hicieran recordar mis pasitos inseguros al entrar a la secundaria, o la voz firme de quien tiene que dar una orden porque es el patrón.
“Los años no pasan por nada” dice mi madre mientras se ve en el espejo y disimula las arrugas con ese maquillaje extraño que ella siempre se sabe comprar. Hoy le doy la razón. La escuela, los amigos, las parejas, la casa y la familia se mueve como una pirinola en el azar, a veces me gustaría tan solo decidir como de decirle a papá que quiero más dinero, si con carita triste o carita de preocupación, “Los años no pasan en vano” decía mamá. Ahora todo se tiene que ganar.
Es sorprendente como en ocasiones se pasa por la vida y nunca se ve con detalle las pequeñas o grandes cosas que se tiene a un constado, me molesta cuando los sanitarios no tiene agua y nunca supe en donde estaba la cisterna de mi escuela, con ese pequeño detalle puedo suponer como perdí a esa persona que tanto ame, la oportunidad de viajar por no saber ingles, o el berrinche de mi persona frente a las enseñanzas de mi padre que tanto me habrían de servir.
Recordar la pasión de como sentir, esa es tarea de locos y misión de cuerdos. Respuestas a preguntas que me había olvidado hacer.¿Cómo es que olvidé sentir el aire, cerrar los ojos y mirar la oscuridad? Irme de lado y sentir rápidamente el calor de la amistad, reír por reír, escuchar por conocer, y hablar por compartir. Cómo es que en un lugar que pareciera tan institucional se pueden vivir los mejores momentos de una historia, formar y forjar los más prometedores sueños y realizar los mas grandes ilusiones.
Caminar entonces se transforma en cosa grande cuando se llega a un lugar más allá de tu destino final. Se puede ir y venir, planear y soñar, recordar e inmortalizar en tan solo un paso. Supongo que hoy es el día para seguir y no parar, caminar y caminar, pero nunca dejar de ir más allá.
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